XIV Domingo del Tiempo Ordinario
Lectura - Mt 11,25-30
“Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana” (Mt 11, 28-30).
Meditación:
Cristo es nuestro Hermano, es Dios y se ha hecho Hombre, nos acompaña; se ha solidarizado con nuestra debilidad; nos invita a caminar juntos, unidos a Él. Por esto nos ofrece su “yugo”, que es signo de amistad, de entrega mutua y de caminar en la misma dirección. Al vivir la unidad con Jesús, nos orienta en el Camino, nos sostiene cuando estamos cansados, responde por nosotros cuando no alcanzamos...
Para dejar que Cristo nos ayude, necesitamos cultivar la mansedumbre y la humildad, que nos permiten descubrir su presencia en nuestro corazón. La autosuficiencia nos aleja y distancia, nos divide interiormente. Aceptar la pobreza espiritual nos permite confiar y esperar la ayuda divina.
Jesús nos hace nacer de nuevo; su “yugo” es suave y liviano, pues nos da el sentido profundo a la vida; entonces todas las contrariedades unidas a Él son ofrenda; pasamos de ser esclavos, a ser hijos del Padre; pues Cristo nos ha hecho sus hermanos.
Oración.
Señor, quiero caminar con tu yugo, unido a Ti.
Contemplación.
- Jesús, estoy cansado de ir contracorriente, necesito tu ayuda...
- Yo Soy el Camino, ven a Mí, descansa en mi Corazón, yo te llevo al Padre.
- Soy tu hermano; me das sentido eterno a mi vida.
Acción.
Caminar unido a Cristo.