Nuestro Carisma
LA ESPIRITUALIDAD DEL SAGRADO CORAZÓN
Dios está en el corazón de nuestra existencia concreta. En toda nuestra actividad, estamos llamados a conformarnos a su voluntad y a permanecer unidos a Él. Por el dinamismo de nuestra fe, lo encontramos en los acontecimientos, en las personas y de una manera especial en la oración. Regla de Vida, Art. 128
La espiritualidad es la relación con Dios, en la cual adquieren sentido nuestras vidas y nuestra misión. No es algo lejano a nosotros, sino que es la experiencia más íntima y personal que se puede tener. Dios nos habla a través de su Palabra, pero también de los acontecimientos cotidianos y de las personas, si llevamos todo eso a la oración.
La espiritualidad del instituto brota de la contemplación de Cristo, cuyo corazón abierto significa y manifiesta el amor trinitario a los hombres. Regla de Vida, Art. 14
Nuestra relación con Dios nace de la certeza de que Él nos ama, y para nosotros el camino principal para acercarnos a ese amor es el Corazón de Jesús: Un corazón que nos muestra cómo Dios nos ama hasta dar su propia vida; un corazón del que brota vida verdadera para todos; un corazón presente en los corazones heridos y frágiles de los niños y jóvenes.
Nuestra espiritualidad es una “espiritualidad de la compasión”, pues parte de la misericordia de Dios por nosotros y nos lleva a ser misericordiosos con los demás. Es también una “espiritualidad de la comunión”, pues el amor de Jesús genera comunidad fraterna a su alrededor.
LA COMUNIDAD FRATERNA
La comunidad fraterna es el lugar donde florece la gracia de nuestra vocación. Descubrimos progresivamente el verdadero rostro del Hermano del Sagrado Corazón en la comunidad fraterna. En ella es donde nos sentimos solidarios de cada uno en su crecimiento.
Regla de Vida, Art. 172
La consagración a Dios como Hermano no es un camino solitario, sino en comunidad. Un signo muy particular de nuestro carisma es la fraternidad. Descubrimos quiénes somos realmente y qué quiere Dios de nosotros cuando nos abrimos al hermano y junto con él buscamos a Cristo. Somos presencia de Jesús-hermano que camina al lado de cada persona, con cercanía y sencillez.
En nuestras obras educativas damos mucha importancia al espíritu de comunión. De modo que las personas que colaboran en ellas experimenten la pertenencia a la comunidad y los niños y jóvenes puedan hacer de la escuela su hogar y de los educadores su familia.
LA MISIÓN CON LOS NIÑOS Y JÓVENES
La educación cristiana está a menudo ligada a la escolarización y al desarrollo cultural. Impregna de espíritu evangélico la vida de la escuela. Nuestro papel de educadores de la fe se ejerce sobre todo por la catequesis, que lleva a los jóvenes a una adhesión clara e íntima a la persona de Cristo. Para alcanzar esta meta y suscitar en ellos una renovación interior es esencial mantener una relación dinámica con el Señor y con los jóvenes. Regla de Vida, Art. 158
Para un Corazonista educar es evangelizar y evangelizar es educar. Queremos brindar una educación que ayude a crecer a la persona en todas sus dimensiones, pero con la conciencia que la que unifica a todas las demás es la dimensión trascendente, es decir, la fe.
Aplicamos una “pedagogía de la confianza”, que tiene siempre al niño o joven como centro y protagonista de su propio crecimiento. Todas las acciones se ordenan al sentido último de nuestra misión: favorecer el encuentro de los niños y jóvenes con Dios.
Para llevar adelante esta misión necesitamos escucharlo siempre a Él, para que alimente nuestro amor y nos sostenga. Necesitamos también escucharlos siempre a ellos, para poder conocer sus vivencias y anunciarles a Dios, que quiere transformar su corazón.