El triunfo de Sísifo

“Sé fiel hasta la muerte” (Apocalipsis, 2:10)

En la portada aparece encendido un faro o lámpara de mano que reposa sobre el piso, de fondo se ve el horizonte y se percibe que está oscureciendo. Evidentemente, en minutos, lo único que quedará es esa luz en plena oscuridad.

Esta imagen de portada da el puntapié inicial para la lectura del libro El Hermano Javier, la fidelidad constante escrito por el Hermano Javier Marquínez quien nos invita a conocer la vida de un tocayo suyo, el Hermano Javier (nombre de religioso, ya que el verdadero era Guillaume Arnaud). Este ejemplar es el segundo libro de tres que la congregación de los Hermanos del Sagrado Corazón ha decidido publicar en conmemoración por el bicentenario de la muerte de su fundador, el Padre Andrés Coindre, que será el próximo año (el año pasado fue publicado, Santidad y muerte de Andrés Coindre, bajo la autoría del Hermano Emilio Rodrigo).

Jorge Luis Borges, uno de los más grandes escritores del siglo XX, entre la enorme paleta de recursos literarios originales que tenía, mostraba uno en sus narraciones que consistía en descifrar algún tipo de misterio oculto o secreto. Y cuando el protagonista llegaba a hacerlo no lo socializaba ni compartía, sino que se iba a la tumba con él. Al abordar la vida del Hno. Javier algo de esto vamos a percibir, no porque se haya guardado algún secreto desorbitante sino porque descubrimos que ha vivido con una rectitud y un enfoque de niveles estoicos. Superando un sinfín de obstáculos, pasará al recuerdo no solo como un representante prototípico de los Hermanos del Sagrado Corazón, también quedará en la historia como “el salvador” de la congregación.

En la Francia de 1820, el Hno. Javier ha sido reclutado junto a otros jóvenes por el Padre Andrés Coindre. Formarán una pequeña congregación religiosa cuyo objetivo primordial no es la evangelización sino hacerse semejantes a la figura humilde del Sagrado Corazón.

Y allí está, en el Piadoso Socorro, una providencia para chicos en situación de calle o que habitaron las cárceles. Trabajan la seda en telares.

Con el paso del tiempo, la congregación alternará buenas y malas experiencias en relación a los chicos que albergue y hasta llegará a sufrir la baja de más de la mitad de los Hermanos que habían iniciado originalmente. Pero también se irá convirtiendo en un modelo de “educación”. Convocarán docentes y la formación será bien integral.

Dijimos que esta es la historia de una persona con las ideas y objetivos extremadamente claros, y entrando la década del treinta empezará a vislumbrarse. En Francia se viven épocas de agitaciones, revueltas y manifestaciones. La ruina material y espiritual es grande, el propio director general de la congregación cree que ya nada hay que hacer y abandona el barco; para colmo, a la muerte de su fundador, el P. Andrés Coindre, ocupa su lugar de superior general el hermano de él, Francisco Vicente Coindre, el cual solo traerá desgracias.

El nuevo superior sufrirá el mal de la piedra: necesidad desenfrenada de construir nuevas edificaciones o remodelar las ya existentes. Bancarrota para la congregación, y depresión para el Hno. superior Francisco. Será nuestro protagonista quien se convierta en el principal responsable del instituto. Él aún cree en su superior, intenta sacarlo de su estado y lo acompaña a paseos al aire libre, indicándole también ejercicio físico. Es un hecho: como una revelación o epifanía borgeana, Javier comprende su misión: se convertirá en el salvador de la institución (o intentará hacerlo cueste lo que cueste).

Inundados de deudas, al igual que Sísifo, aquel personaje destinado a subir una piedra hasta la cima de una montaña para luego dejarla caer y volver a comenzar ad eternum, tomará la piedra para una ascensión que no pareciera tener sentido. Mueve cielo y tierra para acordar con acreedores y buscar soluciones. Cuando lo logra, Francisco vuelve a levantar edificaciones. Nueva deuda. Nueva depresión. Y Javier, al igual que el personaje mitológico, debe a cargar la piedra en sus hombros otra vez para emprender la subida. Y lo hace completamente convencido, incluso, callando al resto de sus compañeros las desgracias que aquejan a la congregación. En soledad y silencio. Encuentra una solución, pero Francisco vuelve a fallar. Entonces escala la montaña con la piedra a cuestas nuevamente. Decide buscar la salvación de la congregación por su cuenta y riesgo.

Ante lo extremo de la situación, logran que Francisco renuncie, recompra el Piadoso Socorro a los Hermanos y lo pone a la venta. Javier, debe retirarse del lugar y enviar a los alumnos a sus casas. Pero su obsesión por la supervivencia de la congregación no cesa: consigue una casa en Lyon y todos los Hermanos se ponen a trabajar sin descanso para adecuar el lugar. Allí el noviciado y el internado comienzan a tener éxito.

Pese a su querer, es sacado de Lyon por oponerse a un capellán que quería tomar decisiones de la congregación como si fuese el superior. Lo envían a Le Puy. Esto lo hace pelearse también con el superior del momento, el Hermano Policarpo (a quien conocía bien y con quien tenía buena relación, pero siente que lo traiciona al no imponerse ante los petitorios y solicitudes del capellán).

Sale con la tranquilidad de que la casa madre está a salvo, pertenece solo a los hermanos; al mismo tiempo, el internado funciona muy bien. Con cincuenta años de edad, ha luchado a pesar de todo. Camina y no carga ninguna piedra. Sísifo venció. Eso es lo que sucede cuando se responde a una vocación con la entrega de su vida.

Entonces, ahora comprendemos que esa luz de la portada no se encontraba en los finales del atardecer; era el principio de un amanecer.