XV Domingo del Tiempo Ordinario
Lectura: Mt 13,1-23
Jesús les hablo en esta parábola: «El sembrador salió a sembrar. Al esparcir las semillas, algunas cayeron: Al borde del camino y los pájaros las comieron... Otras cayeron en terreno pedregoso, … Otras cayeron entre espinas, … Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta. (Mt 13, 4-8).
Meditación:
Todos recibimos la semilla buena del Reino. En nuestro corazón anida la verdad, el bien, la belleza, el perdón, la solidaridad caritativa… ; pero pueden estar latentes porque no dejamos que se desplieguen en obras concretas o actitudes de verdadera conversión. Dios es infinitamente generoso, nos ha colmado de infinidad de dones, para ponerlos al servicio de los demás y ser felices.
Tal vez hemos puesto el foco en otras cosas, que hacen que ignoremos las semillas del reino; y paulatinamente las olvidamos, se pierden o los pájaros las hacen germinar en otros lugares. Con frecuencia si las recibimos, pero no nos comprometemos, no tenemos constancia… o somos como piedras, áridos, nos falta afecto hacia la Palabra.
En otras oportunidades queremos hacer compatibles cosas contrarias: la oración y el activismo, la caridad y la pereza, el ser testigos de Cristo y la mundanidad… La semilla del Reino nos exige total coherencia y compromiso.
Oración.
Señor, cultiva en mi corazón tu semilla del Reino.
Contemplación.
- Jesús, no doy prioridad a nuestra amistad y por tanto no doy frutos, sufro la desolación…
- Yo Soy la Vida; necesito que me recibas… en comunión.
- Quiero vivir sólo para Ti, toma mi corazón.
Acción.
Vigilar mis actitudes interiores