XVI Domingo del Tiempo Ordinario 

Lectura: Mt 13,24-43
“«¿Quieres que vayamos a arrancarla?». «No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero»” (Mt 13, 28-30).


Meditación:
El mal existe en el mundo, pero no tiene la última palabra. Dios ha sembrado la bondad en todos los corazones, esto nos asemeja a Él y nos da dignidad, que siempre estamos llamados a respetar. También nos ha creado libres para que amemos; pero algunas veces elegimos, por egoísmo, el mal; entonces la cizaña es una realidad en nuestro corazón.

Aunque nos veamos débiles por la falta de caridad hacia el hermano, el narcisismo enquistado en nuestro interior, la inclinación al hedonismo… seguimos siendo hijos de Dios Padre. Él es misericordioso, tiene paciencia, ahora nos da una nueva oportunidad para volver a Él.

Como Padre del cielo, pone la “lupa”, se fija más en el trigo, en lo bueno y espera la cosecha. Sufrimos los pecados en nuestra vida, pero la gracia de Dios siempre es fecunda, es preciso confiar; a su vez, miramos compasivamente al prójimo, aunque veamos sus errores.

Oración.
Señor, gracias por sembrar en mí tu bondad.

Contemplación.

  • Jesús, veo en mí la debilidad y siento que no tengo remedio…
  • Yo soy la Vida, confía, mi gracia te ayuda a seguirme…
  • Te entrego todo y confío en tu misericordia.


Acción.
Seguir haciendo el bien, sin desanimarme.