XI Domingo del Tiempo Ordinario
Lectura: Mt 9, 35-10,8
“Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha.” (Mt 9, 36- 38).
Meditación:
La compasión hace que nos inclinemos hacia los demás para ayudarlos a salir de su situación; supone un movimiento interior ante el dolor de otro, que afecta nuestro corazón. Requiere: una mirada atenta que sienta con el prójimo, un oído que escucha los gemidos y unas manos trabajadoras que actúan con caridad. Jesús tiene un Corazón compasivo y se pone a enseñar, se convierte en Buen Pastor.
La compasión no busca apropiarse de nadie, o manipular ante la situación de debilidad. Todo lo contrario, abre los ojos del necesitado para que encuentre su camino, le hace ver sus posibilidades ante la desesperanza, le infunde confianza ante el cansancio…
El Padre ha puesto todo en manos de Jesús, pero sólo se considera su servidor, nuestro Hermano y por eso dice pidan al dueño de los sembrados que envíe obreros. El compasivo no se centra en sí mismo, sale de la autosuficiencia, busca a otros que le ayuden.
Oración.
Señor, envía jóvenes que quieran extender tu Reino.
Contemplación.
- Jesús, veo a los jóvenes desorientados… necesitan quien los acompañe…
- Yo Soy el Camino, haz que vengan hacia Mí. Pidan y busquen vocaciones que se comprometan educando.
- Estoy a tu servicio, ayúdame a orientar a los jóvenes.
Acción.
Rezar por las vocaciones.