Domingo - Corpus Christi
Lectura: Jn 6, 51-58
“«Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida.” (Jn 6, 53-55).
Meditación:
Jesús siendo Dios se hace Hombre, se solidariza con nosotros, camina a nuestro lado, con su Corazón pegado al nuestro. De esta forma, Cristo santifica nuestro cuerpo, que es constitutivo de nuestra persona. Pero a su vez, se nos da como comida; Él nos da su Cuerpo y Sangre en la forma más sencilla y accesible a nuestra naturaleza, bajo las especies del pan y el vino.
Necesitamos acercarnos con fe y recibir su Cuerpo y su Sangre, para formar una sola carne, vivir sus mismos sentimientos y quedar configurados según Él. Así, se queda en la tierra, mientras ya nos espera en el cielo, porque estamos unidos a Él por el Espíritu.
Jesús nos pide que lo comamos y lo bebamos, que lo recibamos, para que Él, que es el ser superior, nos asimile, divinice. Nuestro corazón es el útero de esta nueva vida, que nos lleva a la plenitud.
Oración.
Señor dame tu Cuerpo, haz que vivamos en unidad.
Contemplación.
- Jesús, tengo hambre, me siento insatisfecho.
- Yo Soy el Pan de Vida, recibe mi Cuerpo… déjame habitar tu corazón.
- Haz que viva de tu amor y me entregue a Ti.
Acción.
Recibir a Cristo en la Eucaristía