XIII Domingo del Tiempo Ordinario 

Lectura: Mt 10, 37-42
“El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí…” (Mt 10, 37-39).

Meditación:
El primer mandamiento es amar a Dios; pues nos ha creado, nos ha redimido y nos espera en el cielo para vivir eternamente.  Cuando amamos a Dios se ordenan todas las relaciones humanas y llenamos todas las expectativas de infinito que tiene nuestro corazón. Lo podemos vivir al identificarnos con Jesús, nuestro hermano, que nos muestra el Camino y se entrega al Padre por nuestro amor.

Cuando respondemos radicalmente a la llamada del Espíritu, amamos a la familia con nuestros sentimientos y los del Corazón de Jesús. La amistad profunda con Cristo, que nos aparta para Él, nos sana las heridas del corazón, que arrastramos consecuencia de las relaciones interpersonales.

Las heridas se cicatrizan en la medida que nos dejamos tocar por Cristo y nos comprometemos en ayudar a otros, asumiendo las dificultades, la cruz. Así salimos de nosotros mismos y experimentamos la fraternidad, que educa nuestro corazón.

Oración
Señor, haz que viva el amor de tu Corazón.

Contemplación.

  • Jesús, me quedo en mí mismo, estoy como encerrado en mi egoísmo…
  • Yo te llamo, sígueme… Te doy la libertad de amar sin límites.
  • Quiero que sanes mi corazón y vivir comprometidamente para servir.


Acción.
Amar con los sentimientos de Cristo.